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jueves, 29 de octubre de 2020

He vuelto para quedarme

 

¡Hola de nuevo!

Así es, soy yo, Viale. Después de varios meses de estar prácticamente desaparecida por fin estoy de vuelta, con las pilas cargadas hasta arriba y motivación que me sale hasta por las orejas.

Mi intención no era publicar esto hoy, sino volver con una reseña que tengo pendiente desde hace meses (por dios qué vergüenza) pero ya que he estado ausente tanto tiempo no me parece correcto invadir ese espacio hablando de mí, así que he decidido contar qué ha sido de mí, qué proyectos tengo entre manos, mi estado actual, etc.

Hace unos meses publiqué una reflexión en la que hablaba de mi experiencia como gerocultora, y en ella conté que estaba trabajando en aquel entonces en una residencia en la que me sentía muy bien recibida. Bueno, por supuesto que no es oro todo lo que reluce y poco a poco empezaron a surgir algunos problemas de los que no voy a hablar hoy pero que resultaron en un camino lleno de aprendizaje y cambios en mí. Terminé el mes de agosto cansada física y psicológicamente y con una gran necesidad de espiritualidad y reconectar conmigo misma. Pasé mucho tiempo a solas sin hablar de lo que me ocurría realmente con nadie y reflexionando con mucha profundidad. Llegó un momento en el que vi frente a mí una realidad que no podía ignorar porque me hablaba a gritos: había llegado la hora de un cambio de vida. Necesitaba romper con todo y empezar de nuevo, salir de mi adorada zona de confort y vivir experiencias nuevas. Y pensé: “Creo que ha llegado el momento de seguir mi sueño”.

A pesar de las dificultades adoraba mi trabajo, pero sabía que si continuaba siendo gerocultora nunca sería escritora. Es un oficio agotador, física y psicológicamente y la poca energía que me quedaba después de acabar mi turno la empleaba en actividades cotidianas, así que dedicarme a la escritura estaba totalmente reñido con seguir así. A finales de septiembre se me presentó una oportunidad, un tren al que llevaba tiempo esperando y que solo podía coger o perder. Y aunque iba a toda velocidad me subí.


                           


Hace tan solo unos días me mudé a un país en el que hace mucho frío. Tengo la suerte de estar con alguien a quien quiero mucho y gracias a su apoyo he podido venir aquí. Os parecerá una enorme locura lo que voy a decir pero… tengo ahorros suficientes como para vivir un tiempo y dedicarme a la escritura, al blog, al proyecto que inicié durante el confinamiento y sobre todo a aprender y formarme en todo lo que pueda. Quiero ser escritora y he decidido apostar por ello, dedicar todo mi tiempo a escribir, leer y estudiar para seguir mi sueño. Cuento con el apoyo de todo mi círculo cercano y eso me llena de alegría además de unas ganas enormes de comerme el mundo. Estoy llena de inseguridades, no lo voy a negar, pero me motiva mucho el pensamiento de vencer mis propios obstáculos. Sé que no va a ser un camino de rosas, que va a ser complicado y habrá momentos en los que lo pase mal, pero todos y cada uno de ellos lo valdrán.

Sobre mi formación

Hay algo de lo que quiero hablar más en profundidad. Comentaba que quiero estudiar y formarme pero, al tener un presupuesto limitado, no tengo muchas posibilidades. Sin embargo he sido un poco camicace y he hecho una inversión: me he inscrito a un módulo del taller de escritura creativa de la Escuela de Escritores de Madrid. Llevaba mucho tiempo dándole vueltas y creo que el mejor momento para hacerlo es este. Empiezo el 3 de noviembre y, qué voy a decir, tengo miedo pero me muero de ganas. He pensado que hablaré de mi experiencia en el blog, va a ser distinto a lo que hago normalmente pero me parece interesante guardar mis reflexiones y siempre pueden ser útiles para futuros interesados.

A su vez, he comprado varios libros de escritura para complementar el curso, sobre técnicas y métodos para mejorar la escritura, incluso guías específicas para ciertos géneros (no hay sitio para spoilers aquí). Lo completaré con videos, podcasts y artículos de otros blogs, seguiré a otros escritores experimentados, etc.

Y por último, debo cuidar este blog. No es ningún secreto que el pobre es más feo que un dolor y admito que no tengo conocimientos necesarios para hacerlo atractivo y profesionalizarlo, que es mi objetivo. He pedido asesoramiento a algunas personas bastante más profesionales que yo y a quienes tengo en muy buena estima para que me guíen y ayuden con ello y así llegar a sacarle mejor partido y dejar atrás lo “cutre”.

En conclusión…

Tengo a mi favor mucho tiempo, ganas y algunos recursos que bien aprovechados pueden suponer un gran impulso.

 Tengo en mi contra la falta de experiencia, escasos recursos, poco hábito de trabajo y algunas inseguridades a las que no quiero hacer ni caso.

Debo decir, sinceramente, que me parece de lo más emocionante enfrentarme a las adversidades y estoy deseando encontrarme problemas y retos para superarlos. Y todo ello porque veo una gran luz que me llama: mi sueño, convertirme en escritora.

PS: Espero que no me odiéis por haber escrito semejante parrafada. Lo siento, no he podido evitarlo 😊

jueves, 3 de septiembre de 2020

Escritura emocional intensa

 

                Soy una escritora emocional, ¿qué le voy a hacer?





Me encantaría ser fría y programar lo que va a salir de mis dedos sobre el papel, seguir un guión a pies juntillas del que salirme un poco de vez en cuando para enfatizar o bromear. ¡Oh, qué tormento! Recae sobre mí la maldición de la intensidad emocional a la que no puedo ignorar ni en mis mejores días ni en los peores. Si el cielo amanece en tonos rojizos yo veo sangre. Si llueve, diluvia; si hace calor, me asfixio y luego me derrito.

Aunque desee escribir sobre la belleza de algo, si mi corazón se siente herido y fatigado verá horror y no podrá describirlo de otra manera. Si irradio plenitud no soy capaz de lamentar desgracias como realizar un homenaje a la muerte. ¿Qué puedo decir? Nada de lo que yo escriba saldrá de mi mente sino de mi corazón, lo cual lo convierte en puro aunque no por ello hermoso.

¡Oh, dulce pecado! ¡Cuánto disfruto redactando una poesía cuando más efervescente y enamorada me siento! ¡Cuánto adoro vomitar mis más oscuros pensamientos sobre el papel! ¡Qué gran satisfacción escribir una carta tras estallar de rabia con los ojos rojos y un violento temblor por todo el cuerpo!

Se llama fidelidad al corazón. Redactar bajo encargos propios o ajenos es una admirable habilidad… pero qué tremendo gozo brota de mis poros cuando logro escribir sobre algo que siento en mi interior tanto que puedo ver, tocar, saborear. Qué paz llego a irradiar al ningunear a mis temores y ensordecer ante la inseguridad, tan solo siendo tan natural como una tormenta o el fuego.


Hoy me declaro fan de las emociones, de sentir y expresar, de vivir. Saborear las alegrías y las penas, reír a carcajadas, llorar profiriendo gritos desgarradores, cantar a pleno pulmón, correr a toda velocidad para dejar atrás la ira… pero sobre todo me declaro fan de amar, de dejar que el corazón sienta solo cosas hermosas y crezca tanto que el pecho aumente su volumen, abrazar fuerte y dedicar las más bellas palabras, cuidar, velar, nutrir y ayudar a crecer, tender la mano y hacer los mejores regalos (los intangibles).


Amar…


Si algo debe salir del corazón es amar, porque del amor llegamos y a amar venimos.

Y para que no caiga en el olvido… ESCRÍBELO.


lunes, 6 de julio de 2020

El error de borrar mis propios textos


¡Hola a todos!

"¿Dónde has estado, Viale?" "¡Desapareciste!"

Es posible que después de haber publicado mi último post (que tuvo bastante éxito, por cierto, MUCHAS GRACIAS) muchos esperabais tener noticias mías pronto, y no un mes más tarde. Hace poco anuncié en mi cuenta de twitter @EscribeViale que debido a una serie de circunstancias tendría que dejar la escritura aparcada durante un tiempo, muy a mi pesar. El trabajo me ocupa mucho tiempo y energía, y estoy bastante enfocada en mis estudios. Pero algo está ocurriendo en mí últimamente, y es que tengo unas ganas imparables de crecer y evolucionar en todos los ámbitos de mi vida. Confieso que tengo grandes planes en mi cabeza por los que estoy muy emocionada, y solo será cuestión de unos meses para que empiecen a cuajar. Entre ellos está, por supuesto, el blog.

Hace un año no me hubiera imaginado que sería capaz de tener un blog, de escribir, de tener ideas y proyectos grandes. Hoy esa es mi vida y me siento realmente satisfecha por el cambio. Sin embargo me queda un largo, LAAAAAAARGO camino por recorrer, que requiere mucho trabajo y aprendizaje, incluso algunas inversiones. Pero poco a poco, todo llegará.

Voy a dejar de ser misteriosa, me emociono hablando y no quiero decir demasiado 😁 Además, hoy no estoy escribiendo por eso. Hoy vengo a hacer una reflexión. Para ello es necesario que os cuente algo que me ha ocurrido esta mañana.

He tenido de repente muchas ganas de escribir, y sabía perfectamente qué quería: veía la estructura clara, el tono, el objetivo, el giro... ¡Qué bien, qué motivación, qué ganas! Me he sentado a escribir y...

Nada.

Tomo aire, lo expulso en un largo suspiro, me sonrío a mí misma y pienso: "Sí, va a quedar muy chulo. Seguro que alguien importante lo lee y me hace muchos halagos. Podría presentarlo a un concurso de relatos, seguro que ganaré". He vuelto a motivarme y, cambiando un poco la estructura he conseguido empezar y darle forma. Me gustaba cómo estaba quedando y aunque por momentos me alcanzaban dardos de pensamientos negativos conseguía ignorarlos y seguir. De repente la trama ha empezado a cambiar ante mí, sin darme cuenta estaba desviándome de la idea principal. No me ha disgustado en un principio pero al seguir me he dado cuenta de que estaba tomando un tinte demasiado personal y me estaba exponiendo. No estaba creando, estaba recordando. He tenido una sensación muy rara y he pensado mil cosas a la vez, pero la que más fuerte sonaba era que ese texto no podía leerlo nadie. Me he decepcionado conmigo misma porque había empezado con la idea de publicarlo aquí en el blog, me apetecía mucho postear un texto propio ya que hace tiempo que no lo hago, pero eso... ¿Qué diablos era eso?

Entonces he tomado la peor decisión que podía tomar, he hecho lo que nunca se debe hacer: parar de escribir y borrarlo todo. 



Ahora mismo estoy sintiendo los capones de una veintena de escritores, incluso el mío propio. Siempre he guardado todo lo que he escrito por nostalgia, aprendizaje o por pensar "esto algún día valdrá mucho" (humildad a parte, debo alimentar mi autoestima). Y hoy por primera vez me he "traicionado" a mí misma. Llevo horas preguntándome... ¿por qué?

Creo que he tenido miedo de exponerme. Eso no es malo, considero que se debe tener precaución a la hora de hablar de uno mismo, pero en lugar de borrarlo todo debería haber fluido y seguir. Puede que, como he dicho antes, estuviera recordando, y de ser así tal vez necesitaba un poco de escritura terapéutica. 

Ahora me da pena haberlo borrado todo, podría haber hecho muchas cosas en lugar de eso pero ya está hecho, y de esto solo saco una cosa: APENDIZAJE.

Me debo a mí misma ese texto, para empezar, por lo que trabajaré más la idea y la llegaré a publicar, lo tengo muy claro.

Segundo: No debo tener miedo. Cualquier cosa que salga de mí es creatividad, y no se debe cortar la creatividad sino dejarla crecer aunque no llegue nunca a nada. Puede que sea mediocre la primera vez, quizás mejore al darle un repaso y seguramente sea buena cuando la reescriba. Pero seguir, no reprimirse. Seguir, seguir y seguir.

Si hay algo que no me está gustando recordar es porque aún escuece, y eso conlleva que debo trabajar en ello. Me parece muy positivo haberme dado cuenta porque ahora puedo tomar acción y eso significa progreso.

Y por último: He cometido un error en un momento de inseguridad pero lo he sabido identificar y ahora soy consciente de ello. Es muy importante quererse y darse cuenta de lo que uno vale para poder desarrollarse, y este momento de debilidad me ha demostrado lo mucho que he mejorado: la Viale de hace un año lo hubiera dejado estar, sin decir nada, se hubiera olvidado y hubiera vuelto a cometer el mismo error. La Viale de hace dos años ni siquiera hubiera escrito esa idea que le rondaba. Así que hoy puedo decir que he mejorado y quiero seguir haciéndolo. 

Me gustaría que me contaseis experiencias similares que hayáis tenido. Entiendo que cuando se empieza a escribir ocurren muchas cosas como esta, y seguro que conocer otros puntos de vista nos ayuda mucho a todos, porque nunca se debe dejar de aprender. 

Un saludo a todos y que paséis una feliz semana 😇








viernes, 29 de mayo de 2020

Confesiones de una gerocultora



Antes de leer este artículo debo AVISAR de que en él hay contenido sensible. He tratado de ser lo menos específica posible pero en él relato situaciones que pueden provocar tristeza y emoción. Si crees que puede afectarte demasiado, te aconsejo no leer este post.



¡Hola a todos! ¿Cómo estáis? 😀

Hoy voy a salirme un poco del guion y voy a contaros algo sobre lo que he estado reflexionando mucho desde hace unos días.

Anteriormente mencioné que trabajo en sanidad, lo que nunca he dicho es que soy gerocultora. Mi trabajo consiste en atender física y emocionalmente a personas durante la última etapa de su vida, cubriendo sus necesidades básicas y proporcionándoles afecto. Hay varios motivos por los que quiero hablar de esto hoy, y para que se entienda todo bien voy a remontarme mucho tiempo atrás. Pido disculpas si este post queda demasiado largo.

Nunca fui buena estudiante, y siempre fui asustada con la típica frase: "Como no te esfuerces vas a acabar limpiando culos en una residencia". Lo maravilloso de esta afirmación es que de momento ha acabado siendo así, pero no quiero adelantarme. Como sabéis, siempre he sentido un gran amor por la literatura, desde que me divertía con las historias de los libros de Barco de Vapor o fui cautivada por el universo mágico de Harry Potter. Sin embargo nunca me planteé que podría dedicarme a ello así que no le di a esta pasión ninguna importancia (de lo que me arrepiento). Durante mi adolescencia me di cuenta de que una de las actividades que más me satisfacían espiritualmente era ayudar a otros, me volcaba en ello dejando mis propios intereses de lado, incluso mis deberes de aquel entonces. Me he visto en muchos problemas por ofrecer apoyo a otras personas, pero también he creado fuertes vínculos.

Por ello nació en mi otro sueño: el de ser psicóloga. Por varias razones me fui desmotivando con el tiempo hasta el punto de renunciar a la idea de ir a la universidad y buscar otras alternativas que yo consideraba más prácticas. Cuando terminé de estudiar bachiller intenté acceder a un grado superior pero mi media no fue suficiente y me quedé fuera. Encontré unos cursos en INEM de Atención Sociosanitaria y un año más tarde recibí mi certificado de profesionalidad. Recuerdo mi primera clase: Empecé algo más tarde que los demás y ese día tocaba precisamente la lección más desagradable de todas (de la que no voy a hablar), me mareé y pensé lo más normal: "Yo no valgo para esto". Pero el curso avanzó, y con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que ese "indigno trabajo de limpiaculos" tenía muchísimo detrás, aspectos de los que nadie habla. Y todo ello lo he ido comprobando en primera persona a lo largo de tres años de experiencia laboral.




Lo PEOR de ser gerocultora

Al principio del post he mencionado una frase que todos hemos oído: "Como no te esfuerces vas a acabar limpiando culos en una residencia". Creo que no es necesaria una gran explicación para demostrar lo que todos sabemos: Un porcentaje de la población considera esta labor "caer bajo", poco digna, o "asquerosa". Me da rabia en la misma medida que pena. A toda la gente que nos tiene en baja estima, espero que nunca jamás necesiten un cuidador que les ayude a comer y a ducharse.
Sí, limpio culos, sobacos, narices y bocas. Curo heridas, veo, huelo y toco cosas desagradables, pero esto no es lo peor de mi trabajo. Lo peor es ver a personas sufrir y sentir impotencia porque no puedes hacer lo suficiente por ellas. Porque tienen cáncer y son demasiado mayores para un tratamiento, porque buscan a sus madres o no pueden hablar para decirte qué les pasa. Y los gerocultores vemos esto diariamente. 
Lo peor de mi trabajo no es limpiar culos, sino secar lágrimas. Es llevarte los problemas a casa, acordarte de tus usuarios en tus días libres, cogerles cariño y verles empeorar, deteriorarse, y llorar sus pérdidas. Tener que ignorarles cuando te llaman porque no te da tiempo a atenderlos a todos, prometerles volver y no cumplirlo, que te pidan que te quedes un ratito a hacerles compañía pero no tener tiempo...
Los gerocultores sufrimos tendinitis, lumbalgias, contracturas, esguinces, sobrecarga muscular, varices, estrés, ansiedad, depresión... Llegamos a casa con los pies doloridos, soportamos turnos de más horas de las legalmente permitidas, trabajando fines de semana y festivos, con un salario promedio de unos 900€ (sí, tal cual estáis leyendo), sin tiempo y energía para nada, y muchas veces sin recibir un simple "gracias".



Lo MEJOR de ser gerocultora

Mi trabajo consiste en acompañar a personas que ya no tienen autonomía desde que se levantan hasta que se acuestan. Cubro todas las necesidades que ellos no pueden asumir: movilizaciones, aseo, alimentación, suministrar medicaciones, acompañar al baño o cuidado de la apariencia. 
Las mayores satisfacciones que me ha dado este oficio son las sonrisas en sus rostros al tratarles con cariño, que te devuelvan el afecto con un beso o un abrazo (ahora la pandemia no nos lo permite), hacerles reír... Si lo piensas fríamente son en su mayoría personas a las que no les queda nada, y un pequeño gesto puede significar todo.
Pero hay algo que también me produce felicidad: acompañarles cuando están enfermos o se están marchando. En esos momentos los sentidos pierden su funcionalidad, el cuerpo no responde, pero hay algo que no dejan de sentir nunca: el amor. Por eso una de las labores que considero más importantes en mi trabajo es esa, la de proporcionarles cariño, darles fuerzas y aliviar su miedo cuando ya no queda nada. Pienso que nadie debería morir solo, y para mí es un honor acompañar a las personas en sus últimos momentos.

Por todo esto, puedo asegurar que lo positivo supera con creces lo negativo.

Llegué a aborrecer mi trabajo



Ahora quiero explicar algo de lo que no he sido consciente hasta hace unos días y debo aclarar que para mí no es fácil hablar de esto.

Hace tres años empecé a trabajar en una residencia de mi ciudad haciendo una sustitución. No tenía experiencia y estaba muy ilusionada por empezar, siempre había trabajado en domicilios y para mí supuso una gran oportunidad, y a día de hoy sigo agradecida. Durante los primeros días me di cuenta de que en aquel centro se trabajaba de manera diferente a la que me habían enseñado en los cursos: legalmente se debe realizar las labores en pareja y ahí se realizaban de manera individual, preparábamos medicaciones, el centro no disponía de médico ni enfermera y la rehabilitación (gimnasia o actividades de estimulación cognitiva) que recibían los usuarios era muy escasa o nula. Ante este descubrimiento lo único que pude hacer fue adaptarme, y me costó mucho tiempo. Además estaba haciendo sustituciones y me iban asignando todo, llegando a trabajar durante dos semanas seguidas sin descanso y en diversos turnos, por lo que estaba muy cansada, se me olvidaban cosas y cometía muchos errores. Nunca terminaba los aseos a tiempo y siempre había alguna compañera presionando para que corriese más. Para adelantar o ganar tiempo tenía que priorizar, y eso suponía no ser detallista, hacer las cosas de manera "aceptable" y (lo que más me dolía) no perder el tiempo hablando con mis usuarios. Me daba cuenta de que mi trabajo perdía calidad y me sentía culpable por ello pero no podía hacerlo de otra manera. 
Unos meses después de mi llegada me ofrecieron un puesto fijo que yo acepté encantada. Me advirtieron de que el horario era bastante malo pero no me importó al principio. Era un turno partido en el que acudía muy pronto por la mañana y a la noche, por lo que no descansaba bien y me pasaba el día en la cama. No me daba cuenta pero me estaba estresando y deprimiendo, y esto afectó aún más a mi trabajo. 
Lo más natural dentro de una residencia es que la salud de los usuarios empeore y cuando empezó a pasar la plantilla no estaba preparada para afrontarlo, así que a todo lo anterior debemos sumarle que hubo bastantes ocasiones en las que salí más tarde de mi hora (nadie me ha pagado esas horas extra) y aún más si ocurría alguna emergencia. La organización era tan pésima que cada vez iba más asqueada a trabajar, hasta el punto de trabajar con desgana y no prestar verdadera atención a mis usuarios. Para un gerocultor es difícil asumir que no está haciendo bien su trabajo porque significa que estás siendo poco ético. Y hoy reconozco que este ha sido mi caso. 
Pasaba el tiempo e iba normalizando ciertas actitudes que veía en mis compañeras, como tratar con poca dignidad a los usuarios, riéndose cuando decían cosas extrañas o expresando asco en ciertos momentos. 
El colmo llegó hace algo menos de un año. Fui testigo de una negligencia médica que no solo le costó la vida a una persona (que yo apreciaba mucho) sino que dejó el mundo entre terribles sufrimientos. Yo terminé un turno de mañana acostando a la siesta a esta persona y tan solo un par de horas después falleció. Cuando me lo dijeron lloré bastante y me sentí culpable. Me decía a mí misma que podría haber hecho algo más y pensaba que no la había atendido bien. Pasé un tiempo triste y echándole mucho de menos. Durante este tiempo expresé a algunas de mis compañeras cómo me sentía y la mayoría me comprendió y aliviaron mi pesar diciéndome que lo hicimos lo mejor que pudimos y no fue culpa nuestra. Pero esta experiencia me hizo darme cuenta de lo mal que funcionaba aquel centro y empecé a sentir verdadera repulsión. Pero tenía que seguir yendo. Un día me armé de valor y le dije a mi jefa que no me llamara durante un tiempo, que quería centrarme en los estudios (había dejado el puesto fijo y había vuelto a las sustituciones unos meses atrás, y lo de los estudios en parte era cierto) y no se lo tomó bien. Durante meses aguanté con ahorros y paro pero de vez en cuando tenía que volver y nadie sabe lo duro que era para mí. No hablaré de las relaciones entre compañeras porque eso da para otro post pero el ambiente que se creó llegó a espantarme.

Cuando comenzó la pandemia yo estaba haciendo una sustitución y recibí la noticia de que una de las personas que solían acudir al centro había dado positivo. Convivo con una persona de riesgo y por proteger su salud renuncié a volver hasta que pasara todo. Tomaron todas las medidas pertinentes y hasta la fecha no ha habido ningún contagio, lo cual aplaudo. Fui un día a trabajar y estaban todos los usuarios totalmente aislados y sin ningún tipo de entretenimiento, volviéndose locos... y se me rompió el corazón. Ese ha sido el último contacto que he tenido con esa residencia.
He pasado dos meses sin trabajar. He recibido ofertas pero de centros en los que ha habido contagios. Decidí protegerme a mí y a mi familia a pesar de desear salir de casa, ganar dinero en lugar de gastarlo, incluso airearme. Pero lo que más me pesaba en algunas ocasiones era no poder ayudar. Sentía que es mi deber como personal sanitario ayudar a quienes lo necesitan. Yo nunca he buscado los aplausos de todo el país, y no creo que nadie de este gremio lo hiciera. Unos salvan vidas, otros limpiamos culos, pero al final considero que todas nuestras labores son necesarias y me dolía enormemente no aportar mi granito de arena, lo cual me ha puesto muy triste. Y sí, he llorado de impotencia y pena.



Sin embargo hace un par de semanas se me abrió la puerta de los cielos: recibí una oferta de empleo en un centro sin contagios y con unas condiciones que me favorecen mucho. Empecé unos días después y no puedo estar más contenta. Todo lo que le faltaba a la residencia anterior lo tiene ésta, y por primera vez he trabajado en pareja. Solo tengo cosas buenas que decir. Pero lo que más me ha impactado es el trato a los usuarios. Hay cariño, atención, valoración constante, cuidado de todo tipo... y he vuelto a recordar que amo mi trabajo. Me gusta dar los buenos días y que me respondan con la misma alegría, que me sonría una persona encamada que ya apenas abre los ojos, hablar con mis usuarios sobre su vida (son muy interesantes), acompañarles a pasear, cantar con ellos, prepararles juegos y ver que mis compañeras las tratan con verdadero cariño. Vuelvo a ser perfeccionista en mi trabajo, no siento ningún tipo de estrés y además estoy aprendiendo cosas nuevas. De momento me gustaría quedarme todo el tiempo que pueda.



¿Qué quiero decir con todo esto?



La moraleja más importante es que las circunstancias equivocadas pueden destruir los sueños y pasiones de una persona. Cuando acabas de aprender y no tienes experiencia das lo mejor de ti pero si has caído en un lugar "desagradable" es altamente probable que acabes odiando algo que consideras tu vocación. Y esto lo único que provoca es infelicidad y una insatisfacción que puede que no sepas de dónde viene, porque al fin y al cabo trabajas en algo que te gusta, ¿no?
Es fundamental saber identificar lo que nos hace infelices y no huir, sino tratar de arreglarlo desde dentro porque eso implica amor y respeto por tu entorno.



Para acabar, hay algo importante que debo decir sobre mi trabajo en relación con la pandemia. Como he dicho antes, dudo mucho que ningún sanitario busque reconocimiento y aplausos. Lo que queremos es que se nos escuche y valore. Ya dejando a parte los sueldos vergonzosos que se nos paga, creo que si hay algo necesario ahora mismo es organizar todo desde cero. No puede ser que, en un país avanzado y seguro como es el nuestro, permitamos que haya PERSONAS que mueran sin dignidad, solas, que pasen los últimos años de sus vidas en condiciones lamentables (como permitir deterioros físicos derivados de la falta de actividad) o que estén tristes. Me parece vergonzoso que el Estado haya tratado al sector sanitario de una manera tan humillante como para permitir todas estas cosas que desde fuera no parecen para tanto, pero os aseguro que son verdaderas atrocidades. Es absolutamente lamentable que una persona sea atendida rápido porque no hay tiempo, sin que se pueda escuchar si necesita algo o si se le está haciendo daño porque hay que cumplir los tiempos. Y ahora en esta situación no solo vemos esto (que es el día a día) sino que hay cientos de personas muriendo solas y sin comprender qué está pasando, y que NADIE pueda acercarse a ellos para sujetarles la mano mientras se van. ¿Qué sensación se le queda a un cuidador, un médico o un enfermero mientras ve desde una ventana cómo alguien a quien ha cuidado y alimentado muere aterrado y solo? Es absolutamente desgarrador.



Mirad, no os digo esto para que lloréis igual que la mayoría del personal sanitario hemos hecho, sino para invitaros a reflexionar. ¿Realmente se nos está valorando tanto a trabajadores como a pacientes? ¿Qué más hace falta para que un lugar que puede ser tan trágico como una residencia pueda ofrecer un ambiente agradable para todos? ¿Por qué tengo que volver a casa sabiendo que no he hecho un trabajo de calidad y sentir que es culpa mía?

No soy política o economista y no tengo conocimientos suficientes como para proponer una buena solución, pero confío en que este mensaje llegue a alguien que sí posea estas capacidades y pueda hacer, por lo menos, un poquito. Ojalá llegue un futuro en el que nadie muera solo ni triste, pase sed o no pueda ir al baño porque no nos da tiempo. Ojalá podamos volver cada día a nuestras casas orgullosos de haber cuidado, sanado y hecho felices a las personas que dependen exclusivamente de nosotros. 

Y de corazón deseo que ocurra cuanto antes. 

jueves, 16 de abril de 2020

Ilusión por un nuevo proyecto


¡Hola de nuevo! 

Hoy traigo grandes noticias. Ha ocurrido algo realmente bueno para mí y tengo muchas ganas de contároslo. Como habéis leído en el título, me he embarcado en un nuevo proyecto. Sé que no es la primera vez que digo esto, pero esta es distinta.

Todos los proyectos que había empezado podían ser medio decentes, pero nunca me sentía del todo cómoda. No fluía, veía problemas a todo y no me sentía segura. No lo estaba haciendo bien, y era porque lo estaba forzando. Las ideas que tenía y con las que estaba trabajando eran un poco artificiales, de un género que me gusta leer pero que nunca me he sentido cómoda escribiendo: la intriga. Sí, tenía una idea medio buena pero había cabos sueltos por todas partes y no la sentía del todo "mía". Siempre supuse que cuando me llegara la hora de escribir seriamente podría incluir todo lo que tengo en mi cabeza: psicología, filosofía, amor, aventuras, drama, algo de comedia... Creo que estaba tan focalizada en "tener algo ya" que olvidé darle sentido y ponerle alma, así que inevitablemente me bloqueé y empecé a odiar lo que estaba creando. Tengo muchas páginas de datos y apuntes esenciales para la historia, sin embargo aún no había empezado a escribir, no daba con la frase perfecta. El bloqueo se convirtió en frustración y las circunstancias actuales por las que estamos pasando todos más las mías añadidas empezaron a afectarme mucho y empecé a sentirme mal de verdad.

¿Por qué no estaba siendo capaz de seguir mi sueño? ¿Por qué me resultaba tan difícil hacer algo que amo? ¿Por qué no me sentía segura? 



Retrocedamos unos meses en el tiempo

Hace unos meses os propuse un ejercicio sobre crear personajes, os lo dejo por aquí. Un día practicando nació uno en concreto del que no hablaré hoy. Por alguna razón me gustó mucho y conforme escribía sobre él iban apareciendo otros personajes, una historia, unas circunstancias... Tenía ante mi una gran posibilidad, había empezado algo pero no sabía cómo desarrollarlo, lo único que tenía claro era la imagen de tres o cuatro personajes que sabía que serían importantes. Pasé bastante tiempo devanándome los sesos imaginando, buscando tramas, entrecruzando ideas, pero nada me convencía. Así que poco a poco fui olvidando la idea y guardé a mis personajes en mi "cajón" con la esperanza de poder sacarlos algún día.

Al principio de esta semana tuve un sueño muy extraño, fantasioso y colorido. Cuando desperté pensé "oh que guay, podría hacer algo con esto" y estuve recordándolo durante todo el día. Incluso lo escribí en un cuaderno para no olvidar ningún detalle. De repente recordé a mis personajes olvidados. Los saqué del cajón y vi que el resultado tenía bastante sentido, que era una idea buena y con potencial pero aún me faltaba algo. 

Algo obsesionada de repente vi la luz. Tenía todas las piezas pero había algo que me faltaba: un protagonista. Por alguna razón en ese momento todo fluyó casi mágicamente, todo cuadraba a la perfección y me di cuenta de que por fin tenía ante mí la idea que llevo prácticamente toda mi vida buscando. Me inundó un sentimiento de plenitud en ese momento, sentí adrenalina corriendo por mis brazos que me llevaban directamente al teclado. Dejé de lado todas mis obligaciones y empecé a atar cabos y más cabos hasta que supe exactamente cómo empezar... y lo hice. Pasé todo el día sentada frente a mi portátil escribiendo, pensando, escribiendo, y disfruté, disfruté tanto que todas las dudas que tenía sobre mí misma se disiparon y algo en mi corazón me dijo que realmente he nacido para esto. 

Y ahora que os he contado esto quiero deciros algo:

Puede que no sea la J.K. Rowling de 2020, no tengo muchos conocimientos sobre narración y soy consciente de que cometo muchos errores. Hay cosas en mí que debo solucionar para poder trabajar con calidad y sobre todo tengo ciertas desventajas con respecto a otros escritores noveles. Pero tengo clara una cosa: esta idea me ha llenado de optimismo en un momento de desánimo muy grande y no voy a darle la espalda. Voy a hacer todo lo necesario para ejecutarla y quiero dar lo mejor de mí en cada letra. Lo tengo claro, más que nunca. Éste es mi momento y éste es el camino. 

viernes, 10 de abril de 2020

Recuerdos de Semana Santa


¡Hola a todos! Ojalá os sigáis encontrando bien y permanezcáis fuertes.

Hoy voy a empezar diciendo que me he abierto una cuenta en twitter: @EscribeViale. Quiero estar activa en las redes sociales y me encantará estar en contacto con vosotros, ¡seguidme!

Estamos entrando en la Semana Santa, una fiesta religiosa que conmemora los últimos días de la vida de Cristo, su muerte, resurrección y ascenso al cielo. Aunque he estudiado en colegios católicos, no me considero religiosa, sin embargo tengo muy buenos recuerdos de la Semana Santa que me gustaría compartir con vosotros.

Muchas personas que conozco, al igual que una gran cantidad de fieles, acuden cada año a ver las procesiones. Dejando a parte el hecho del dramatismo y el sadismo implícito en las figuras que representan esas escenas tan macabras, pueden ser bellas en el sentido artístico. Mucha gente disfruta de esto pero yo nunca lo he hecho. Siendo sincera, nunca he visto una procesión.

Recuerdo los días previos a las vacaciones de Semana Santa durante mi niñez, en el colegio. Veíamos películas, se celebraban misas y disfrutábamos de actividades con esta temática en algunas asignaturas. Todavía me acuerdo de las canciones que nos enseñaban en inglés (más o menos).

Lo que sin duda más me ha gustado siempre ha sido el domingo de Pascua. Solía ir a mi pueblo con mis padres, donde estaban todos mis primos. Mi tía-abuela compraba huevos de chocolate envueltos en papel de colores y los escondía por el campo sin que nos diéramos cuenta. Un rato después decía: "¡Han pasado las campanas!" y nosotros, desde nuestra feliz ignorancia, salíamos como locos a buscar los huevos. 
La "caza de los huevos" es una costumbre que se lleva a cabo en muchos países, pero lo de las campanas viene de Francia. En Francia suenan campanas todos los días excepto los días desde el jueves Santo hasta el sábado. Se dice que las campanas "se van" a Roma para llevarse la miseria y ser bendecidas por el Papa, y vuelven el domingo de Pascua, cargadas de fortuna y buena suerte para el próximo año. 

Este año no podemos disfrutar de la Semana Santa por el problema que estamos viviendo, pero siempre nos quedan los recuerdos de fiestas pasadas, especialmente durante nuestra infancia. Busquemos entre nuestra memoria nuestros recuerdos más felices. ¿Cuáles son los vuestros? ¡Contadme vuestros recuerdos más especiales de Semana Santa!

¡Felices fiestas!

lunes, 16 de marzo de 2020

Cómo sobrevivir al confinamiento


¡Saludos, compañeros recluidos! 

Lunes 16 de marzo, 19:04

Como todos sabemos, el pasado sábado se decretó el estado de alerta para la contención de la amenaza presente. Casi toda la población lo supo prever, aunque unos lo llevaron mejor que otros (véase el saqueo de supermercados). Parece que la mayoría estamos concienciados con el problema y estamos poniendo las medidas necesarias, de lo cual me alegro. 

Personalmente lo estoy llevando bastante bien. El jueves me encontraba en el centro donde voy a clases de inglés cuando se dio el aviso de que las clases quedaban canceladas. Tan solo unos veinte minutos después recibí una llamada de mi jefa, contándome que una persona que había visitado mi centro de trabajo estaba infectada. Por suerte esta persona había ido al día siguiente de que yo estuviera ahí por última vez, de modo que no tuve contacto directo ni indirecto con el afectado. Sin embargo en ese momento se inició en mi una preocupación, a la que siguió un dilema ético: ¿debería acudir a trabajar ese fin de semana?
Por supuesto en mi centro de trabajo se había activado un protocolo de actuación pero yo no me sentía segura. Quería cumplir con mi deber pero también proteger a las personas de mi entorno, entre las cuales hay bastante vulnerables, y después de que me dijera mi madre que prefería que no fuera a trabajar, me decidí a no hacerlo. 

Como resultado de todo esto y con lo que ya sabemos sobre el estado actual, llevo desde entonces encerrada en casa (como todo el mundo, querida) y además de presenciar momentos emotivos como aplausos colectivos, seguir las noticias, el avance de los contagios y hablar con familiares y amigos por WhatsApp, también estoy teniendo mucho tiempo para mí. Excesivo, tal vez.

Me estoy planteando muchas cosas, como qué va a pasar con la economía y los puestos de trabajo, cómo va a afectarme esta crisis, a qué oportunidades puedo sacarles provecho...  pero lo que no estoy haciendo es escribir. Porque no escribo desde hace mucho, apenas he subido cuatro entradas desde que empezó el año, y sobre proyectos mejor no hablo. 

Así que hace media hora, en un descanso de otra actividad, he salido al balcón con mi novio a tomar el aire. Nos hemos dado cuenta de que empezamos a saturarnos y de que necesitamos salir de casa. Está claro que no podemos, pero yo he pensado que lo que mejor me puede sentar ahora es esto: escribir. 
Siempre os digo que cuando estéis tristes, angustiados, nerviosos o enfadados, cojáis papel y boli y lo soltéis todo, y yo no lo estoy haciendo porque he perdido el hábito de escribir. MAL.

Pero lo voy a hacer ahora. Mi manera de aliviar la "frustración" de no salir de casa, por el momento está siendo contaros cómo lo estoy viviendo. También es mi forma de deciros que si os está pasando lo mismo, es totalmente normal y comprensible. No os estáis volviendo locos, pero debéis ser pacientes y cuidar vuestra salud mental (de la física nos hablan mucho ya).


No os privéis de desahogaros mediante la palabra, hablando con vuestros seres queridos y siempre de manera respetuosa.

Escribid sobre cómo os sentís, lo que queréis hacer y sobre lo que echáis de menos.

Reflexionad sobre vuestro presente y vuestro futuro, sobre vuestro trabajo, relaciones y especialmente sobre vuestra felicidad.

Iniciad nuevos hobbies, y si encontráis una manera de sacarles rentabilidad, mejor.

Contad historias a vuestra familia, ficticias o personales. Es un buen momento para dejaros conocer a la vez que trabajáis en vuestra afición/ talento.

Y POR FAVOR (esto necesita un apartado adicional): ¡¡LEED!!

¿Cuántos libros cubiertos de polvo hay en vuestras estanterías? ¿Cuántas veces habéis pensado que ya os leeréis ese libro que os regalaron en navidad?
No hay momento mejor que este.

Yo lo estoy haciendo. No solo por entretenimiento, sino también como trabajo para el blog. Estoy leyendo ahora mismo una trilogía pactada con su autora, por lo que pronto habrá un nuevo Desgranando... . Espero que tengáis tantas ganas de leerlo como yo de redactarlo.

Para terminar, os voy a sugerir cinco libros que he leído durante mi vida y me han gustado especialmente y, por lo tanto, os recomiendo leer durante la cuarentena:

  •  Orgullo y prejuicio (Jane Austen)
  •  La metamorfosis (Franz Kafka)
  •  El príncipe de la niebla (Carlos Ruiz Zafón)
  •  Memorias de Idhún (Laura Gallego García)
  •  El gato que curaba corazones (Rachel Wells)

Solo me queda mandaros muchos ánimos, y desearos a todos que pase rápido esta situación y sin nada que lamentar. Que tengáis una feliz cuarentena 💙

viernes, 7 de febrero de 2020

Inspírate


Hoy es domingo.

Esta mañana has abierto la ventana de tu habitación y al asomarte has experimentado los reconfortantes rayos de sol que solo se valoran en invierno, y has pasado el resto del día deseando volver a sentirlos.

Has hecho limpieza en tu casa, como cada domingo, escuchando la radio y cantando todas las melodías que conoces y por un momento te has sentido bien pero repentinamente un pensamiento ha invadido tu mente: el recordatorio de un deber que no has cumplido. El sentimiento de culpa ha comenzado a nacer, y como todo el mundo sabe la culpa es el mejor alimento de las inseguridades. Ha aparecido un sentimiento de inferioridad que siempre traen consigo dudas.

"No se me da bien esto. No puedo hacerlo. Nunca llegaré a nada. No tengo talento. Soy mediocre. Mis ideas no son buenas."

Te has dado cuenta de lo dura que estás siendo contigo misma, te estás atacando... ¿y por qué?

Te has dado cuenta de que te necesitas a ti misma, que estás teniendo dudas  y solo tú puedes resolverlas, así que has decidido reconectar contigo de la mejor forma que conoces: salir a pasear. 

Has escogido ir al campo, necesitas un lugar con escasos ruidos e interrupciones, con el menor contacto con la realidad posible. Te has puesto música, no como la que cantabas esta mañana, otra distinta, reflexiva y romántica, con sonidos suaves y envolventes, incluso emotivos.

Has emprendido el camino sin saber dónde vas a acabarlo, andando sin rumbo, tus pies se mueven solos utilizando tu corazón como brújula.

Te has adentrado en senderos conocidos pero tomas rutas alternativas porque sabes que la mejor manera de encontrarse es perderse.

Observas. Te paras. Respiras hondo.

Estás disfrutando y se te ha olvidado por qué has salido a pasear, y olvidarlo te ha hecho recordarlo. 

Hay algo que no va bien en tu vida, algo que no sabes qué es pero que no te deja avanzar. Te sientes en un callejón sin salida, bloqueada y angustiada porque tienes un proyecto en el que no avanzas. Has recordado todas aquellas malas palabras que te has dedicado hace un rato en tu casa y te has dado cuenta de que ese es parte del problema.

Paso 1: QUIÉRETE.

Te has puesto a buscar soluciones entonces, y gracias a ello has identificado más problemas. Te faltan ideas, te falta creatividad, ilusión, fuerza, inspiración...

Te has dado cuenta de dónde estás. Has perdido la noción del tiempo y has llegado a un lugar en el que no habías estado... pero está bien. Quieres descubrir sitios nuevos con los que reconectar y llenarte de energía, respirar aire fresco y escuchar los mensajes que te envía el viento.

Has visto una colina frente a ti y has decidido subirla. Con cada zancada, la adrenalina ha bañado tus venas, has sentido fuerza, un impulso que ha motivado a tus piernas a seguir subiendo, cada vez más deprisa. Tu sonrisa se ha hecho mayor conforme te has acercado a la cima de la colina.

Y ahí estás. De pie, con el mundo a tus pies. Te sientes fuerte y poderosa, la bajada es empinada pero no importa. 
Cierras los ojos, vuelves a respirar, los abres. 
Todo sigue igual pero tú no. Tú te sientes grande. Observas los bosques, las montañas que se han erguido frente a ti, escuchas el río imparable, el viento te acaricia el pelo, y el sol sigue calentando tu rostro igual que hacía por la mañana. 

Paso 2: INSPÍRATE.

Nútrete de todo lo que has visto, oído, sentido, olido y tocado durante este recorrido. Mantén calientes las emociones que han llegado a ti cuando estabas en la cima de la colina. Perdónate por cada desprecio que te has hecho a ti misma e identifica tus mejores armas, aquellas que te harán ser más grande cada día.

Y ahora escúchate... Tienes mucho que decirte a ti misma. Y ya has comenzado a hacerlo.

Paso 3: TRABAJA.

Sé imparable. Vive, disfruta y siente todo lo que hagas, ama tu trabajo y tus deberes, que son regalos. Aprende, escucha lo que otros puedan enseñarte y no te rindas. Sé paciente, identifica tus errores y soluciónalos. No pares nunca.

Y te harás gigante.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Despedir 2019 con una reflexión


¡Hola a todos, y feliz Navidad!

Voy al grano, este post va a ser el último del año. Me hubiera gustado preparar algo especial, un cuento navideño o una reflexión sobre estas fechas, pero lo que más quiero hacer ahora es simplemente escribir y ser yo misma, sacar lo que hay dentro de mí.

Como he dicho tenía otros planes para este post, si embargo hace unos días recibí una llamada y estoy pasando las navidades trabajando, en un horario un poco desagradable que me está agotando. Por suerte quedan pocos días, y hoy he sacado tiempo y energía para sentarme a escribir.

2019 se acaba.
Mucha gente dice que a partir de cierta edad el tiempo pasa más deprisa, y estoy de acuerdo. Este año se me ha escapado de las manos. Comencé enero con una fuerte idea y con muchos cambios en mi vida: dejé mi trabajo, tomé la decisión de seguir mi sueño y comencé a contarlo. Me pareció muy fácil al principio cuando solo era una idea, pero pasaban los meses y no avanzaba. Sí, quería escribir un libro y creía que con eso sería suficiente. Pero también era consciente de que no podía apostar todo lo que tenía a "una simple idea". Durante mi vida he vivido situaciones de las que he aprendido que el mundo laboral es inestable y puede ser cambiante, que un día puedes tener un buen puesto de trabajo y al siguiente perderlo todo. Y si es lo único que sabes hacer... puede ser catastrófico. Por eso siempre he tenido claro que quiero tener opciones. Trabajo en sanidad, pero no quiero que sea lo único que sé hacer. Quiero escribir y vivir de ello, pero no puedo esperar a que todo ocurra como en un sueño. 

Decidí seguir estudiando y aunque tomé la opción correcta sentía que me faltaba algo porque no avanzaba: estaba bloqueada. No estaba escribiendo y seguía creyendo que con "el golpe de suerte" sería suficiente.

Una noche tuve una conversación con mi amor. Me preguntó qué había pasado con mi sueño de ser escritora y si estaba luchando por ello, trabajando. La respuesta fue NO.

¿Qué estaba haciendo? Solo poner excusas, una tras otra. Sí, durante los 8 meses de año vividos anteriormente me habían pasado cosas y había tenido dificultades, pero esa no era la razón de mi estancamiento. Necesité reflexionar, escuchar e informarme mucho para darme cuenta de que eso era todo, esperaba la oportunidad que cayera del cielo. No ocurría, lógico, pero tampoco la buscaba. 
Fue entonces cuando me di cuenta de que no sabía NADA. No conocía el mundo en el que pretendía adentrarme, no conocía a mi competencia ni a mis aliados, mis puntos fuertes y débiles, editoriales, técnicas, ni siquiera sabía si "tenía talento". Durante mi vida me han dicho que escribo bien, que mis textos son bonitos, pero... ¿acaso con eso basta?

Internet tenía la respuesta, por supuesto. Como os conté hace unos meses, seguí los consejos y ánimos de mi amor y de mi tía y gracias a ello nació este blog. He trabajado en mí a través de él, y ha sido una herramienta maravillosa, he conocido escritores y mentores, leído otros blogs... y apenas estoy rascando la punta del iceberg. 

Sin darme cuenta, durante este proceso mi ambición comenzó a crecer. Nunca quise que este blog fuera grande, era mío, pero me gustaba compartirlo y recibir feedback. Y ahora mi objetivo es seguir creciendo. 

Hace un mes mi amor y yo nos dimos cuenta de que quedaban 31 días para que terminase el año y decidimos trabajar duro. Yo me propuse estudiar, ir al gimnasio, escribir, ir a clases, escribir, trabajar algo y escribir más. Las ideas para historias ya llegaban sin esfuerzo pero como he dicho antes, quería crecer. Así que comencé a buscar ayuda, gente que me ayudase a ejecutar las ideas que tenía... y me di cuenta, una vez más, de lo perdida que estoy. 

Sin embargo no me tomaré este descubrimiento como algo negativo. He pasado horas reflexionando, conversando conmigo misma y decidiendo lo que quiero. 

Disfruto enormemente colaborando con escritores y haciendo reseñas, no quiero dejar de hacerlo y me he dado cuenta de que tengo mucho, MUCHO que aprender y mejorar, así que no voy a detenerme.

Mis proyectos personales seguirán siendo míos. Tengo que encontrarme a mí misma como escritora, practicar y averiguar más sobre mí. Y la mejor forma de hacerlo es soltarlo todo (papel y boli). También me gustaría recibir formación, pero eso tendrá que esperar a un momento más oportuno.

Y sobre todo... quiero que estéis conmigo. Me gustaría compartir mi progreso, y ojalá llegue el día en el que pueda enseñar algo a alguien que también esté empezando. 

Este blog va a evolucionar conmigo. Me siento fuerte, capaz de grandes cosas y sobre todo ardo en deseos de aprender. Aprender... ¡DE TODO! Quiero ser imparable y crecer tanto como sea capaz. Quiero seguir conociéndome a mí misma y descubriendo habilidades, sacarles partido y no dejar de disfrutar jamás... porque escribir es mi pasión, y no puedo conformarme con "unos textos bonitos".

De lo que he logrado en 2019 me quedo con haber aprendido a aprender, a aceptar lo poco que sé y que el saber ni ocupa lugar ni tiene límites. Deseo para 2020, simplemente avanzar sin detenerme. 

Y lo mismo para todos vosotros.  

No olvidéis que cada día es una gran oportunidad. Y un regalo.




Feliz año nuevo 💙💜💚

viernes, 13 de diciembre de 2019

¡Queen + Adam Lambert en España!


¡Muy buenas tardes a todos!

¿Es esto real o una fantasía? ¿Algún tipo de magia? 

¡Real y cierto como la vida misma!

Como muchos sabréis, el legendario grupo de rock Queen ha anunciado dos shows en Madrid el 7 y 8 de julo de 2020 y hoy, 13 de diciembre han salido las entradas a la venta. Así que voy a salirme un poco del guion dejando la literatura a parte y dedicando este post a mi grupo favorito.

Hoy es un día muy especial para todos aquellos que han crecido y madurado con Queen, aquellos que les vieron nacer y hacerse tan grandes como lo son hoy y han sido testigos de que, tal y como se propusieron, llegaron a tocar el cielo. Lamentablemente no es mi caso, porque tengo recién cumplido el cuarto de siglo, pero eso no me ha impedido que hayan conquistado mis oídos y mi corazón.


Recuerdo la primera vez que escuché una canción suya, apenas tendría 4 años y me la puso mi padre en el coche: Beautiful day. Me viene a la mente la voz de mi padre, el disco Made in Heaven sonando en un viaje por la carretera y nosotros cantando. No era consciente de que la inigualable voz de Freddie Mercury estaba cautivándome por primera vez y que muchos años después me seguiría fascinando. 

Me reencontré con la banda durante mi adolescencia y Bohemian Rapsody me acompañaba en el coche cuando empecé a conducir. Pero fue hace un año, al ver la película cuando me volví realmente fanática. Me encantó hasta tal punto que empecé a ver videos y documentales sobre Queen, curiosidades, historias... no he parado a día de hoy, ¡y me encanta! 

Poco queda por decir de ellos, pero para mí Queen es una banda inmortal que llegó y se ha quedado después de 4 décadas emocionando, haciendo cantar y bailar hasta la saciedad. Cada miembro es único y encajaban con tal perfección que lograron crear obras maestras musicales. Y para apoyar esta afirmación voy a contar dos experiencias recientes.

En octubre vino a mi ciudad God Save The Queen, una banda tributo a Queen. Y madre mía... Mi pareja y yo asistimos, conseguimos estar en primera fila y nos sentimos como si hubiéramos viajado en el tiempo. La actuación fue inmejorable, una interpretación brillante por parte de todos los miembros. Si una banda consigue que sus canciones se sigan interpretando casi 30 años después de que su cantante falleciera, y hacer sentir tantas emociones a tanta gente creo que se merece ser llamada legendaria

La otra experiencia es una anécdota bastante inocente. Tengo un primo de 8 meses y el otro día fui a visitarle a él y a sus padres. Mientras les enseñaba videos del concierto, el niño se puso a reír y a bailar a ritmo de Crazy Little Thing Called Love

¿Qué tiene Queen que les hace ser tan especiales? ¿Qué tiene esa música para que logre enloquecer a prácticamente todo el mundo? No soy una experta en música ni mucho menos, pero desde mi percepción espiritual me aventuro a decir que es su originalidad lo que les hace únicos. El ingenio, el amor con el que compusieron cada pieza, y sobre todo el ser ellos mismos (sin sintetizadores). Unos locos incomprendidos experimentando con notas musicales, ritmos y letras, o sacando lo que llevaban dentro.

Puede que esta sea la una de las últimas oportunidades que tenga de ver en directo lo que queda de Queen y lo lamentaría toda la vida si no aprovechara la ocasión. Así que sí, tengo mis entradas y una cita en Madrid el 8 de julio. Y estoy en shock.

Espero que os haya gustado este post, llevaba un tiempo pensando en hacer algo así y hoy me ha parecido el día perfecto. Contadme cuales son vuestros grupos y/o cantantes favoritos y si os gustaría ir en julio a ver el show de Queen + Adam Lambert.

¡Disfrutad del fin de semana!

viernes, 6 de diciembre de 2019

Proyectos, horarios y en qué ando metida


¡Buenas tardes!

Me siento a teclear una vez más con muchos pensamientos pero sin saber bien qué decir. Últimamente tengo muchas cosas en la cabeza y demasiadas ideas, tantas que me está costando gestionarlas. 
Desde hace unas semanas no estoy siendo muy regular con mi trabajo, por eso me he propuesto que este mes (casualmente el último del año) voy a realizar una especie de challenge. He confeccionado un horario lo más realista posible para organizarme y trabajar mucho porque deseo avanzar en mis proyectos.

Lo cierto es que no está siendo fácil. Ha habido momentos en los que me he visto desbordada porque creo que he intentado abarcar mucho y no me he sabido organizar, así que espero que diciembre sea diferente y tenga tiempo para todo.

Voy a dejarme de misterios y voy a explicar un poco en qué "ando metida" en ámbito laboral-aprendizaje-proyectos.

Hace unos meses comencé a estudiar un grado superior online de Guía y Asistencia Turística. La realidad es que esto no es mi campo para nada, de hecho he trabajado en sanidad. Tomé la decisión de cursar turismo por varias razones: por ampliar mi abanico de conocimientos, aumentar mis posibilidades laborales y porque es un trabajo que no me ata a ningún lugar del mundo. 
Lo complicado de estudiar esto es hacerlo sin el apoyo de acudir a clases diariamente, lo cual hace bastante fácil desviarse y difícil saber si lo estás haciendo bien del todo. 

Pensando en no anclarme a mi país natal y saliendo de éste me di cuenta de que el buen nivel de inglés que había adquirido de adolescente estaba completamente oxidado. Así que en octubre empecé a ir a clases de inglés en la Escuela de Idiomas. Por tanto, tengo dos horas de clase 4 días por semana. 

Por supuesto, no sería escribir una aspiración importante para mí si no tuviera proyectos literarios entre manos. Uno de ellos lo comencé antes de darme cuenta y en enero empezó a tener una estructura que va cogiendo forma. 12 meses después he avanzado pero estoy un poco estancada ahora mismo, porque es un proyecto que depende bastante de la inspiración... y no siempre me siento tan inspirada como para avanzar. 

Sin embargo, una dificultad muy grande con la que me estoy encontrando es también una gran ventaja, y es que he conseguido recuperar la creatividad que tenía antes. Parece algo bueno, pero en mi cabeza está siendo un auténtico caos porque no paran de llegar ideas. Es un bombardeo constante que aprovecho siempre apuntando todas las ideas... ¡el gran problema es que no tienen relación entre sí! Así que tengo un montón de ideas pero están tan desordenadas que no se puede hacer nada con ellas. 

Pero no todo está perdido. Al ver semejante locura cogí mi cuaderno y lo dividí en algunos apartados en los que pude clasificar ideas. Gracias a esto, desarrollé unos pocos personajes, imaginé unos escenarios chulísimos y fui capaz de coger una sola idea de las que estaba teniendo y empecé a escribir sobre ella. Y vaya, ¡estoy desarrollando una historia! 

Estoy contenta, aunque está siendo difícil. Por eso he incluido en mi horario una hora para escribir. Tengo la sensación de que va un poco lento pero creo que es mi propia inseguridad la que me frena. Siempre me ha gustado escribir las cosas tal cual me vienen a la cabeza, pero estoy teniendo que hacer un esfuerzo para meter más contenido. 

Todo esto está muy bien, pero hay algo más que falla: a mi cartera le están saliendo telarañas. Como he dicho antes, he trabajado en sanidad toda mi vida laboral pero quiero alejarme de este sector porque es muy sacrificado y no podría estudiar si volviera a retomarlo por el bien de mis ingresos. Así que también he emprendido la búsqueda de trabajos de redacción online. Y bueno, como imaginareis, no estoy consiguiendo gran cosa, pero no dejo de intentarlo. Sería un gran paso para mí llegar a tener un cierto éxito en este campo además de un alivio económico. 

¡No entres en pánico, Viale! ¡Tienes ahorros!

😅

Volviendo al principio, este horario que me he puesto está siendo útil para organizarme y trabajar duro. Llevo tres días y aunque hoy no he dormido bien y se me está descuadrando todo, tengo intención de hacerlo bien porque quiero echar la vista atrás en fin de año y sentirme satisfecha.

Diciembre de 2019 va a ser crucial y me siento con fuerzas para llevarlo a cabo.


¡¡SÍ!!


FELIZ VIERNES 💜 




viernes, 29 de noviembre de 2019

Ojalá...


Hay momentos en nuestras vidas en los que tenemos algo importante en nuestras manos pero no somos conscientes y no le sacamos partido. Tal vez la razón sea que somos demasiado jóvenes o demasiado mayores, que no tengamos recursos suficientes o que no confiemos en nosotros mismos. 


Ojalá hubiese sido valiente y reconocido que te amaba, decirle al mundo entero que te veía a escondidas y creaba cosas bellas a partir de lo que tú me contabas.


Ojalá no me hubiese avergonzado de mis textos y mis ideas, que podían no ser las mejores pero eran mías y podrían haberse convertido en algo mejor.


Ojalá le hubiese contado a cada persona que conozco que tú, la literatura, eres mi pasión y has estado conmigo siempre, que inventábamos cuentos cuando era pequeña, me inspirabas para que escribiera un sinfín de libros que nunca llegué a empezar, que más adelante nacieron las poesías y que juntas podíamos crear infinitos mundos.


Ojalá hubiese sabido que podía hacerlo, que tenía talento y cultivarlo me daría grandes resultados.


Ojalá alguien me hubiese dicho que podría dedicarme a ello, que existe todo un mundo alrededor de ti y que nunca me caería del cielo la oportunidad de ser la mejor si no la buscaba.


Ojalá hubiese trabajado en ti como lo estoy haciendo ahora, nadie me hubiese parado cada vez que una idea nacía y hubiese sido constante. Tal vez podría haberme nutrido de ti durante años hasta dar bellos y dulces frutos.


Ojalá nunca hubiese tenido miedo de ser juzgada por lo que estábamos creando, porque ese miedo se ha hecho mayor con el tiempo y ha hecho que me olvide de ti durante mucho tiempo.


Ojalá te hubiese tratado mejor, te hubiese cuidado y nunca hubiese ocultado todo lo que me estabas enseñando, que era la posibilidad de un futuro brillante.


Ojalá te hubiese escuchado y nunca te hubiese negado. Porque yo te abandoné pero tú a mí no.


Ojalá hubiese creído en mí como tú lo hacías, tal vez hoy no sería tan duro trabajar y conseguir lo que nunca he admitido que anhelo: vivir de ti.


Ojalá nunca te hubiese transformado en lo que no eres, de algo bello a oscuro en lo que refugiarme evitando miradas y juicios.


Ojalá te hubiese dedicado todo mi tiempo. Hoy no sería tan difícil llegar a ti.


Un día nos damos cuenta de que hemos "desperdiciado" una oportunidad y, por supuesto, nos da mucha pena. Pensamos que si hubiéramos practicado mucho más, probablemente ahora nos fuera mejor. Y tal vez sea así. 

Sin embargo de nada sirve martirizarse. Todo tiene un momento y una razón y aunque algunas veces no nos demos cuenta de las oportunidades que están frente a nosotros "porque no hacen ruido" no significa que todo esté perdido.

Lo más importante es ser consciente del ahora, de que nuestro momento no ha pasado y las decisiones incorrectas del pasado son oportunidades de aprender. No será tan fácil, nos costará más, pero no debemos volver a dejarlo pasar o nos volveremos a arrepentir.

¿Qué quiero?

¿Qué busco a largo plazo?

¿Cuál es el primer paso?

¿Qué acciones me van a llevar a mi objetivo?

Todo comienza con un "yo puedo" seguido de "vamos allá". 

Tu momento es el que tú elijas que sea.

Feliz fin de semana.