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jueves, 3 de septiembre de 2020

Escritura emocional intensa

 

                Soy una escritora emocional, ¿qué le voy a hacer?





Me encantaría ser fría y programar lo que va a salir de mis dedos sobre el papel, seguir un guión a pies juntillas del que salirme un poco de vez en cuando para enfatizar o bromear. ¡Oh, qué tormento! Recae sobre mí la maldición de la intensidad emocional a la que no puedo ignorar ni en mis mejores días ni en los peores. Si el cielo amanece en tonos rojizos yo veo sangre. Si llueve, diluvia; si hace calor, me asfixio y luego me derrito.

Aunque desee escribir sobre la belleza de algo, si mi corazón se siente herido y fatigado verá horror y no podrá describirlo de otra manera. Si irradio plenitud no soy capaz de lamentar desgracias como realizar un homenaje a la muerte. ¿Qué puedo decir? Nada de lo que yo escriba saldrá de mi mente sino de mi corazón, lo cual lo convierte en puro aunque no por ello hermoso.

¡Oh, dulce pecado! ¡Cuánto disfruto redactando una poesía cuando más efervescente y enamorada me siento! ¡Cuánto adoro vomitar mis más oscuros pensamientos sobre el papel! ¡Qué gran satisfacción escribir una carta tras estallar de rabia con los ojos rojos y un violento temblor por todo el cuerpo!

Se llama fidelidad al corazón. Redactar bajo encargos propios o ajenos es una admirable habilidad… pero qué tremendo gozo brota de mis poros cuando logro escribir sobre algo que siento en mi interior tanto que puedo ver, tocar, saborear. Qué paz llego a irradiar al ningunear a mis temores y ensordecer ante la inseguridad, tan solo siendo tan natural como una tormenta o el fuego.


Hoy me declaro fan de las emociones, de sentir y expresar, de vivir. Saborear las alegrías y las penas, reír a carcajadas, llorar profiriendo gritos desgarradores, cantar a pleno pulmón, correr a toda velocidad para dejar atrás la ira… pero sobre todo me declaro fan de amar, de dejar que el corazón sienta solo cosas hermosas y crezca tanto que el pecho aumente su volumen, abrazar fuerte y dedicar las más bellas palabras, cuidar, velar, nutrir y ayudar a crecer, tender la mano y hacer los mejores regalos (los intangibles).


Amar…


Si algo debe salir del corazón es amar, porque del amor llegamos y a amar venimos.

Y para que no caiga en el olvido… ESCRÍBELO.


viernes, 22 de mayo de 2020

Delirios



La inspiración suele llegar a mí en las ocasiones menos indicadas.


Mi momento favorito del día es cuando me asomo a la ventana nada más levantarme. Lleno mis pulmones de aire fresco, está amaneciendo y el sol aún no calienta, me nutro de oxígeno puro. Justo después descubro que sobre mí se alza un cielo mostrando una amplia paleta de tonos anaranjados mezclados con el azul suave del alba. Es hermoso, hago una o dos fotos para no olvidar el bello paisaje que me regala el mundo.




Pero son las seis y media de la mañana y tengo que prepararme para ir a trabajar.


Abandono con pesar el punto que me brinda paz y armonía para introducirme de lleno en el estrés que conlleva la vida laboral, por unos momentos había olvidado que tengo una vida y ahora todo llega de golpe. Qué duro.

Desayuno y me visto como un autómata, aún inmersa en mis pensamientos. Tengo muchas ganas de escribir, mi mente está siendo bombardeada con cientos de ideas que deseo plasmar sobre el papel. ¡Qué mal momento! Pero ¿sabes qué? También disfruto de unos momentos de reflexión antes de entrar a trabajar: el camino en coche hacia el trabajo.


Hace unos días dejó de funcionarme la radio. Lo primero que hice fue proferir una serie de maldiciones bastante malsonantes que no casan en absoluto con el tono que suelo emplear en mis textos. Oh, necesito música. Pero me sienta bastante bien estar a solas conmigo. Disfruto del paisaje, conduciendo con cuidado por si me sorprende algún animal salvaje y memorizando cada día un nuevo detalle del entorno. Si pudiera alargar un momento en mi día a día sería ese. Hay tantas cosas en mi cabeza sobre las que necesito reflexionar que un viaje en coche no es suficiente, así que lo aprovecho al máximo.


Están pasando cosas en mi vida. Los recuerdos están llegando a distintas velocidades, algunos vienen lentos y fluidos, y otros interrumpen como un screenshot.



Y entonces empiezan los delirios.


Cuánto me gustaría anotar todo lo que estoy pensando, las historias que se me ocurren espontáneamente, describir la belleza que me inspira el paisaje, desde las montañas hasta las amapolas que asoman entre el trigo verde. Hay una carta que necesito escribir, y una teoría conspiratoria que contar a unas pocas personas. ¿Habrán visitado alienígenas este pueblo? Que no se me olvide terminar esta tarea en el trabajo, es importante. Debería leer mucho más, tengo reseñas pendientes. No tendría que haberme enfadado tanto durante aquella conversación, debería disculparme. Estos sentimientos que tengo hoy…


Todas estas ideas han llegado en el peor momento, cuando no puedo anotarlas. En mi cabeza ya he escrito cuatro novelas y dos poemarios, alguna obra de teatro y mi biografía al completo, con una dedicatoria al principio. En estos momentos solo pienso en lo reñida que está la vida ordinaria con la pasión por la literatura. Cuando pueda sentarme a escribir todo esto ya se me habrá olvidado.


Pero ya sabemos que no se sabe cuándo puede llegar la inspiración. Y si hay algo que compensa el no poder escribir todos estos delirios es el saber que llegarán otros distintos a los que podré darles el cariño que se merecen.


Trata a tus letras como si fueran de porcelana.



Me digo a mí misma que no debo dejar de delirar a solas. Cuanto más lo haga, más fácil aparecerán nuevos delirios y tal ven en ellos se esconda la llave de una gran puerta, la que me conduzca a cumplir mi sueño. Nunca se sabe.

miércoles, 29 de enero de 2020

Vuelta a la rutina y el primer reto



¡Hola de nuevo! Después de un mes de ausencia total, he decidido quitarle las telarañas al blog y recuperar al hábito. Estoy comprobando mientras escribo lo fácil que es acostumbrarse a "lo bueno", que en este caso sería dejar el hábito de escribir. Porque es cierto, no me voy a engañar... llevo un mes sin escribir. No quiero excusarme pero tampoco negarlo, a veces por cosas de la vida dejamos mucho de lado, lo más prescindible, y retomar lo abandonado se hace duro, todos los comienzos lo son. Pero creo que no serviría de nada dejarlo pasar y olvidar, centrarme en cosas más productivas si esto es tan importante para mí. Así que voy a deshacerme de la pereza y del acomodamiento, de los bloqueos y las inseguridades que empiezan a brotar, voy a olvidarme de todo y a hacer lo que más me gusta: escribir.

Tras esta introducción mediante un párrafo auto-motivante os voy a poner al día. Durante las navidades estuve trabajando cubriendo varias bajas y vacaciones, me pusieron muchos horarios distintos y bastante "incómodos", que me quitaban mucho tiempo y energía. Había días en los que quería estudiar o escribir pero no me daba tiempo porque para cuando empezaba ya tenía que volver a trabajar. A todo esto hay que sumarle el cansancio físico, reuniones familiares (que vaya fechas), mantener un orden vital, etc. Fueron un par de semanas bastante estresantes pero finalmente acabaron y pude disfrutar de mis ansiadas vacaciones en bellas tierras gallegas junto con mi persona preferida, y han sido unos días maravillosos. 
Sin embargo lo malo se acaba y lo bueno también, ahora estoy de vuelta en mi rutina de estudiar y escribir, y estoy encantada de hacerlo, además de motivada. 

¿Qué mejor forma de regresar que con contenido nuevo?

Me he apuntado a la propuesta de los 52 retos de escritura para 2020 propuestos por Literup (un blog que me gusta mucho). Hace unos 3 años intenté hacerlos por mi cuenta, sin publicar nada, pero fue un fracaso, de modo que este año me he propuesto unirme y aprovechar esta oportunidad para dar color al blog y practicar escritura creativa. Siendo realista no creo que pudiera completar los 52, y menos teniendo en cuenta que solo escribo un post por semana y quiero seguir escribiendo en mis secciones habituales. Por suerte Literup ya previó que a algunas personas les pasaría como a mi e incluyó la opción de realizar 12 retos, hecho que me viene genial. Mi propuesta es escribir un reto al mes, y hoy traigo el primero. 

Dado que he pasado un mes sin publicar nada, esta semana (como excepción) voy a hacer dos publicaciones, hoy como día extraordinario y la del viernes habitual, que va a ser un nuevo Desgranando...  

Sin más dilación os presento la historia del reto número 3, que en mi caso es el primero: La aracnofobia es un miedo muy común. Haz que tu protagonista la padezca.


Creía que tres horas de viaje pasarían rápido en compañía pero ha sido una tortura. Espantoso, diabólico incluso. Marta no sabe seguir un mapa ni dar indicaciones, Sara no sabe seguirlas (curiosamente es la que conduce) y Eva no ha articulado palabra porque se ha pasado el camino chateando con su novio. ¿Son éstas las vacaciones que me esperan? Por dios, que acaben pronto. 
No, Blanca, cálmate. Los viajes largos suelen provocar tensiones entre los tripulantes, eso no implica que todo la estancia vaya a ser similar. Estás en una cabaña en el monte, con tus tres mejores amigas y vais a pasar un maravilloso fin de semana. Daréis paseos, respiraréis aire puro, os emborracharéis a las noches y con suerte veréis algún ciervo durante las caminatas. Si...
Espléndido.
Voy a esforzarme por cambiar el chip. Si quiero que mis amigas se encuentren animadas soy la primera que debe aportar entusiasmo. Miro al cielo, sonrío ampliamente y con una bocanada de aire limpio extiendo los brazos, acompañando el movimiento con un "aaahh". Mis amigas aún están algo serias tras el "incidente" del mapa, pero quiero que se les pase y disfrutemos de la escapada. Dando saltos avanzo hasta Sara, que me mira con recelo.
-¡Sara, mira esto! -mi amiga mantiene su postura rígida y mirada desconfiada porque cree que se me está yendo la olla. - ¡Mira! Estamos en medio de la nada rodeadas de árboles, sin cobertura ni preocupaciones... ¿Es que no te sientes viva?
- Claro, Blanca. Sí... - definitivamente cree que estoy loca. Eva ha emitido un gesto de alarma cuando ha oído lo de la cobertura.
- ¡Marta! - Marta da un respingo al oír su nombre, está concentrada buscando la llave de la cabaña. Me dirijo hacia ella brincando nuevamente - ¡Marta, amiga, por dios! ¿Tú sabes lo que es? ¡Por fin desconectamos y estamos juntas las cuatro!
- ¡Sí, tía, que guay! - responde igual de entusiasmada que yo. Marta es muy alegre, sabía que se le pasaría rápido el disgusto de la discusión. 
Parece que mi energía positiva le ha dado fuerzas porque rápidamente encuentra la llave y al fin podemos entrar en la cabaña.
La puerta se abre con un chirrido. Dentro hace un poco de frío pero es de agradecer, ya que fuera hace bastante calor. La cabaña de madera tiene un aspecto de lo más acogedor, con sus paredes verdes y esa enorme alfombra que adorna el salón. Lo que más me gusta hacer al entrar en una casa que no conozco es ir a la cocina, así que me encamino hacia ella sabiendo que mis compañeras vendrán detrás.
- ¿Cenamos pollo, no? - les pregunto.
- Ajá... - responde Eva. Qué actitud...
La cocina parece sacada de un cuento infantil. Es vieja pero tiene el encanto natural de aquellas cosas que han conocido el paso del tiempo. 
Estoy deseando ver la vajilla, me encantan estas cosas. Abro el armario y...
No. Es una araña. Un monstruo negro y peludo, técnicamente de pequeño tamaño pero para mi es tremendo. Está corriendo en círculos y no lo puedo soportar. Viene hacia mí. Entro en pánico, quiero correr. Oigo mi voz gritando de terror.
- ¡¡Mátala!! ¡¡MÁTALA!!
Intento huir de ella, pero se mueve rápido. Ahora veo arañas en todas partes, corriendo hacia mí. Sé que no son reales pero yo las veo. Quieren subir por mis piernas y meterse por mi boca y mi nariz, mis ojos y mis oídos. He empujado a Sara y me he subido a una silla para que las arañas no puedan alcanzarme. No paro de gritar, pierdo el control de mis extremidades. 
Marta se está riendo. 
Sara aparece refunfuñando con una zapatilla en la mano y de un golpe seco aplasta a la araña.
Mis gritos cesan.
- ¡Por dios, Blanca!- dice Sara. Marta sigue riendo, de forma cada vez más descontrolada.
- No.. no puedo... - consigue articular entre carcajadas.
- ¡Qué asco, joder! ¡Aaaaahhhh! -digo horrorizada, pero con la tranquilidad de que la araña ya no va a hacerme daño.
- Estamos en el campo, no se qué esperabas. - añade Eva, aportando algo a la conversación por primera vez.
- Yo... yo esperaba ver ciervos.

jueves, 31 de octubre de 2019

Especial Halloween


¡Buenas y aterradoras noches!

Me adelanto al día de publicación porque como todos sabemos, hoy es la noche de las brujas y los espíritus. Cada persona vive esta fiesta de una manera, normalmente los niños con disfraces pidiendo caramelos por las casas, otros reuniéndose en lugares poco iluminados para contar historias escalofriantes, otros haciendo maratones de las películas más aterradoras de la historia del cine (para mí es Insidious, por cierto)… Yo también tengo mi pequeño ritual, me gusta ver Pesadilla antes de Navidad comiendo dulces, costumbre a la que no voy a renunciar este año pero antes de ello, quiero celebrarlo con vosotros. 

Tengo a mi izquierda a mi gato negro, a mi derecha a mi perro asustadizo, una luz tenue y silencio en casa. Tengo los mejores ingredientes para preparar una poción de las que solo yo sé hacer: una de mis improvisaciones. 

Pasad una noche de miedo, y disfrutad del día de fiesta de mañana 👻


Estoy tendida sobre una superficie que no reconozco. No sé cuánto tiempo llevo aquí y no recuerdo cómo he llegado. Solo alcanzo a ver una oscuridad profunda y traicionera, llena de amenazas.
No oigo nada, ni el mínimo ruido que pueda darme un ligero indicio de dónde me encuentro, si hay alguien a quién pedir ayuda.
Tengo mucho frío... pero no corre el aire. El frío nace dentro de mí.
Me dispongo a levantarme, comenzando por apoyar mis manos sobre la superficie desconocida. Descubro que no puedo levantar el brazo. Preocupada y sin entender qué está pasando me decido por una tarea más fácil: mover los dedos. Con horror descubro que tampoco puedo.
Una sensación de impotencia comienza a invadir mi interior. "Puede que solo sea ese brazo" me digo para tratar de calmarme. Siento un fuerte impulso de levantarme y salir corriendo, pero ninguna parte de mí responde. No puedo mover ni una sola extremidad, tampoco el cuello ni la boca para gritar auxilio. Tampoco puedo mover los párpados, no hay manera de saber si mis ojos están abiertos o cerrados.
Comienzo a sentir una fuerte presión sobre mi pecho, mi pulso se ha acelerado tanto que temo que pueda pasarme algo grave. La ansiedad se apodera de mí y ni siquiera soy capaz de controlar mi respiración.
Estoy demasiado concentrada en mi inmovilidad como para darme cuenta de que se está formando un zumbido en el ambiente. Tal vez ha comenzado hace rato, no puedo saberlo. Cada vez el zumbido se vuelve más intenso, está perforando mis oídos y alojándose en mi cabeza, haciendo que me duela tanto que siento que me va a estallar pronto.
Estoy pensando tan rápido que no soy consciente del tiempo que pasa, y no veo nada a mi alrededor que me ayude a comprender qué me está pasando. No puedo ver nada.
No veo nada... pero por primera vez puedo sentir que no estoy sola.
Alguien se está acercando a mí muy, muy despacio...
Quiero gritar, pedirle ayuda. Me aferro a esta presencia como a un clavo ardiendo, desesperada por que alguien, sea quien sea, me ayude.
Pero no quiere ayudarme.
Cuando me ha tocado no he sentido el tacto de su piel pero sé que me está agarrando. Siento unos dedos largos y afilados sobre una de mis piernas, cada vez aprieta más y la sensación cada vez se asemeja más a cinco agujas afiladas clavándose en mi piel. Presiona sin piedad y puedo sentir como se deleita infringiéndome dolor, ese dolor que cada vez es más agudo. No sé qué está tocando mi cuerpo... pero no es humano.
Las manos afiladas están escalando por mi cuerpo hacia arriba, deteniéndose en cada paso solo para hacerme sentir dolor. Llega a mi pecho, no solo con las manos, sino que siento más partes de su cuerpo sobre mí. No distingo ninguna, tal vez sean pies, huesos o dientes, pero son diferentes entre sí y su único propósito es mi sufrimiento. Ha parado en mi pecho, lo sé porque no me deja respirar.
Está presionando mi garganta, creo que voy a ahogarme. Me está sujetando con fuerza los hombros y cada vez lo siento más cerca de mi cara.
Lo ultimo que recuerdo antes de despertar sobre mi cama es un rosto blanco, una piel tan blanca que llega a ser traslúcida, unos ojos negros en los que solo veo muerte, y un sonido ensordecedor destrozando mis tímpanos.

viernes, 25 de octubre de 2019

Eterna


¡Hola a todos!

Hoy vengo con uno de mis trabajitos. Hace unos meses me decidí a mandar un relato a un concurso, solo para probar la experiencia. No seleccionaron mi relato, y aunque sabía que era muy difícil que pasara, una parte de mí creía que lo conseguiría.

Eh, pero no pasa nada. 

Escribir este relato me sirvió como paso para iniciarme en la escritura de forma seria, no solo como entretenimiento. Si no lo hubiera hecho probablemente hoy no estaría haciendo nada de esto.

Como no fue seleccionado, he decidido compartirlo porque no me parece correcto que no vea nunca la luz, no porque piense que es brillante sino por la historia que hay detrás.

Hace unos meses sufrí la pérdida de una persona importante para mí y aunque pasé sus últimos días con ella, se fue antes de lo esperado y no tuve la oportunidad de despedirme. El relato es un homenaje a lo que viví con ella, los años en los que la conocí. El concurso era por el Día Mundial del Alzheimer, y cuento su enfermedad a través de mis ojos.

Espero que al leerlo os llegue parte de ella al corazón como hizo conmigo. 😊🌟

Solía llamar a su puerta cada día a las 11 de la mañana y esperaba a que ella me abriera, aunque yo tenía las llaves de su casa. Me recibía con un gorro de lana color beige que ella misma tejió, con la bata y zapatillas de casa puestas todavía, siempre bajo una mirada maternal y protectora, pero al mismo tiempo dejándose cuidar.

Después de elegir cuidadosamente su ropa, salíamos a pasear por las calles de su barrio. Siempre saludaba a todo el mundo aunque no conocía a nadie, pero su perdición eran los niños. Nunca supe en qué momento lo hacía pero guardaba galletas en el bolso para dárselas a ellos, de los cuales disfrutaba viendo jugar y divertirse.

Tomábamos una taza de café en la misma cafetería cada día. Las camareras nos lo tenían preparado antes de que nos sentáramos, pero ella nunca se dio cuenta.

“¡Qué bueno! Está calentito.” susurraba después del primer sorbo, sonriendo complacida.

Luego paseábamos todo lo que sus fuerzas nos permitieran, sentándonos cada cierto tiempo a descansar, mirando las flores y a la gente pasar por la calle.

La vuelta a casa podía ser muy larga si ella marcaba el rumbo pero se sentía segura a mi lado porque yo le indicaba qué camino escoger cuando dudaba, y nunca nos perdimos.

Esta fue nuestra rutina durante dos años. Pero los últimos meses comenzó, de forma casi imperceptible, a alejarse de mí.

Un día quiso volver a la cafetería poco después de salir porque había olvidado que ya habíamos tomado el café. Otra vez no quiso hacer caso de mis indicaciones y la vuelta a casa se alargó varios minutos. En otra ocasión se enfadó conmigo porque no le dejé ir a dar de comer a los bueyes y me dijo que me marchara a casa.

Poco a poco el verde de sus ojos comenzó a tornarse gris, ya no brillaban de la misma manera. Nunca dejó de sonreír ni de cuidar a los más pequeños pero fue el día en el que me aseguró que ella tenía 32 años cuando supe que se estaba olvidado de quién era.

Los paseos se volvieron cortos, las horas que pasábamos en casa cada vez más caóticas al mismo tiempo que ella perdía su memoria más básica. Pero nunca dejó de sonreír.

Vivió los siguientes dos años rodeada de amigos y los mejores cuidados. Siempre con algo que hacer y alguien con quien hablar. Durante un tiempo dejó de olvidar pero también de recordar. Yo seguí visitándola casi cada día, jugábamos al bingo y a las cartas y nos divertíamos como al principio. Fue cuando tuve que alejarme de ella cuando comenzó a olvidarme. Mis visitas de una o dos horas acabaron durando diez minutos en los que intentaba recordarle quién era yo para ella. Ella sonreía y decía que no se acordaba de mí y luego me mandaba a la cocina a merendar. Así fue como decidí que era el momento de despedirme de ella.

Pasaron nueve meses cuando recibí la llamada que me hizo volver a su lado. Postrada en una cama de sábanas blancas había una niña que llamaba a su madre, pero tenía la misma cara que la mujer con la que compartí tantos paseos. Lo había olvidado todo… o eso creía. Me acerqué a ella y la llamé. Ella me miró y algo en su mirada me dijo que se sentía a salvo. Sonrió y me tendió la mano. No sabía quién era, pero me había reconocido.

Quise recuperar el tiempo perdido, le conté todo lo que había hecho en los últimos meses, le hablé de mi nuevo trabajo y de mi pareja, le conté que había estado en dos bodas ese año y le enseñé las fotos, hasta un día salimos a pasear al jardín, donde cogimos dos flores con las que adorné su pelo. Disfrutamos como hacía tiempo que no lo hacíamos juntas.

El día que supe que ya no tendría que volver me invadió un sentimiento de desamparo. Cuidé de ella durante cuatro años, pero ella me guió y me enseñó a disfrutar de las pequeñas cosas que nos rodean, las que permanecen en la memoria aun cuando se ha perdido todo lo demás. Me regaló carcajadas, alegría y optimismo. Me enseñó que los recuerdos pueden perderse, pero que un buen corazón nunca muere.


                                                                                                                        Viale


martes, 8 de octubre de 2019

Amor


¡Buenas tardes! ¿Qué tal va vuestro inicio de semana? 

Estoy muy contenta porque empiezo a ver frutos de mi trabajo. He hecho unos cambios en el blog para que se vea más bonito, veo que me han subido un pelín las visitas y que ya encuentro el blog en el buscador de Google (¡bieeeen!). Además siento que cada vez me va resultando más fácil escribir e incluso inspirarme, al principio tenía que pensar mucho sobre qué escribir pero estoy reconectando con la Viale creativa del pasado, surgen ideas con más facilidad, me cuesta menos expresarme y estoy desarrollando ideas pasadas a las que no llegué a dar forma. Y si soy sincera, creo que tengo un buen proyecto entre manos con el que puedo llegar a conseguir algo bastante interesante 😁👀

Hoy quiero hablar sobre el gran inspirador de los escritores: el amor, un sentimiento del que surgen grandes clásicos, novelas que todos hemos leído, hermosas poesías y miles de canciones. El amor nos llena de vida y saca lo mejor de nosotros, y a veces tenemos la suerte de compartirlo con alguien muy especial. 

Quiero enfocarme en ese "alguien especial", que surge de la nada y se convierte en todo. Te devuelve la ilusión, te enseña cosas nuevas y te hace sentir cosas a las que no sabes poner nombre. 

Ese "aaay" del principio cuando sientes que no sabes qué tiene esa persona, que te lo remueve todo y lo único que quieres es verle. Con el tiempo se van creando momentos, recuerdos, y cuanto más le conocemos más queremos conocerle, se forja un vínculo diferente, más fuerte que cualquier otro y nos lleva a entregarnos en cuerpo y alma. Si continúa avanzando el tiempo y mantenemos estas sensaciones... significa que hemos encontrado un diamante. 

Hoy me siento romántica y por eso he escrito un texto sobre personas especiales, sobre momentos y sensaciones que debemos guardar en nuestros corazones porque son únicas e irrepetibles. Y sobre todo quiero dedicárselo a mi persona especial, cuyo apoyo ha sido vital para el desarrollo de mi proyecto. 

Esto es para ti, mi amor 💓🌹



Su pelo castaño se volvía rubio bajo los rayos del sol, y sus ojos me recordaban a las aguas de un lago escondido en medio de un bosque. Transmitían la misma paz.

Su voz era dulce como una poesía, igual de suave al gritar que al susurrar.

Aún no sé cómo era capaz de hacerme olvidar cada aspecto de mi vida cuando estaba con él, mi pasado y mis obligaciones, todo desaparecía cuando me abrazaba.

Me llamaba “bonita”, “guapa” o “preciosa” y me hacía sentir como si nunca nadie lo hubiera hecho antes, como si fuera la primera vez que escuchara palabras bonitas.
Solo él era capaz de hacerme recordar que era especial.

Cantábamos juntos en el coche mientras él conducía, y disfrutábamos tanto que se me llegaba a olvidar que nunca se me dio bien cantar.

Las estrellas brillaban más intensamente cuando las mirábamos juntos, abrazados, en medio de la nada y sintiéndonos diminutos como granos de arena en el desierto. Nos quedábamos asombrados por su belleza, hablábamos del universo y buscábamos el sentido de la vida.
Y luego nos besábamos.

Aprendíamos de cada pelea, nos enseñábamos a cuidarnos y hasta en los peores momentos nos buscábamos. Podíamos con todo.

Nos hicimos fuertes, nos quisimos más cada día, y el eco de aquel hermoso amor resonó en la eternidad.

viernes, 4 de octubre de 2019

Una vieja poesía

¡Muy buenas tardes! 

En primer lugar quiero disculparme porque he fallado, el martes pasé el día fuera y no publiqué nada. Pero hoy es viernes y sigo aquí 😀
Con respecto al post de la semana pasada, me lo pasé genial improvisando y tuvo una acogida bastante buena así que me animó bastante a seguir haciendo cosas así. 

Hoy también me gustaría compartir algo mío, esta vez me decanto por rescatar de mi cajón algo que escribí hace algunos años y de lo que, sinceramente, estoy bastante orgullosa. 

Es una pequeña poesía que escribí en 2009 o 2010, mi primera poesía, a la que le tengo un cariño muy grande. Recuerdo que pasaba todas las horas de clase garabateando textos y dibujos en los márgenes de mis cuadernos en vez de atender a lo que mis profesores decían (curiosamente aprobé ese curso). Fue así como nació mi primera "creación", supongo que durante alguna clase de historia. Lo más curioso de esta poesía es que ha estado muchos años perdida. 

La escribí en un papel con un dibujo de un lago en la parte de atrás y más tarde la copié en otro lugar. El papel original se lo regalé a mi abuela unos meses después porque fue ingresada en el hospital y fue mi forma de darle fuerzas para que se recuperase. Recuerdo que mi madre me contó que se lo había enseñado y dijo en un suspiro: "Ay, Viale... ¿Qué será de ella?". No recuperé ese papel y no se qué hizo mi abuela con él pero estuve muchos años recordando mi poesía sin saber donde estaba. Pero hace unos meses rebuscando en una caja en la que tengo cientos de papeles llenos de más escritos y otros dibujos hechos en clase... apareció la copia de repente. Me puse muy contenta. "No vuelvo a perderla", pensé, y la copié en un cuaderno con otras poesías y reflexiones que he ido escribiendo desde mis 18 años hasta hoy. 

Sin más dilación, os presento una poesía sin nombre, con versos libres y con fallitos pero a la que tengo mucho cariño. ¡Espero que la disfrutéis!


Soledad.
El viento se ha llevado 
las blancas palabras
que un día
me susurraste.
Lloré frente el lago 
que tanto a ti me recordaba.
Acaricié sus dulces aguas
con mi salado dolor.
Y quise morir.
Volé sobre el lago
que tanto a ti me recordaba.
Imaginé que estabas conmigo.
Quise derretir el hielo de mi corazón.
Y te encontré...

🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹





viernes, 27 de septiembre de 2019

Personajes

¡Feliz viernes a todos! Espero que hayais pasado una buena semana y tengais fuerzas para el fin de semana, que viene muy buen tiempo 🏖

Yo he pasado buena semana, ha sido tranquila pero productiva, estoy dedicando bastante tiempo a mi proyecto y eso me inunda de felicidad... así que hoy vengo muy motivada 💪💪💪

Hoy vengo a hablaros de un ejercicio que me he propuesto, y de paso proponeros que vosotros también lo hagáis en casa. Es muy positivo para trabajar la imaginación y la creatividad, para quitar las telarañas o para iniciarse en el mundillo. 

El ejercicio consiste en inventar personajes. Muchas veces pasamos horas buscando crear un personaje que "quede bien" en nuestra historia, crearle una personalidad y unas vivencias a raíz de una historia que nos hemos inventado. Lo que yo propongo es crear uno desde cero y sin propósitos, inventar un pasado para él y forjar su personalidad como si estuvieras utilizando la herramienta "Crear Sim". Te aseguro que la historia que surja a su alrededor puede ser mágica.

Se me ocurrió este ejercicio hace unos días tras ver un vídeo en YouTube en el que el youtuber en cuestión daba 5 tips para la creación de personajes. Cuando me puse a ello supe desde el primer momento quién iba a ser mi personaje: el capitán de barco pirata. Comencé a escribir rasgos de su personalidad, manías, conductas, gustos, etc. Conforme iba escribiendo, más ideas pasaban por mi mente, más me concentraba y más absorta quedaba en el documento de Word. Casi sin darme cuenta estaba inventando un pasado para él, lo cual me llevó a redactar su presente. ¡Incluso añadí otros personajes!

Al momento de parar de escribir me di cuenta de que tenía una sonrisa enorme, estaba disfrutando como una chiquilla. Pensé que ya sabía que escribir me hace feliz pero no recordaba haber tenido esa sensación desde hace mucho tiempo. 
Me sentí viva, sentí que había dado vida a mi capitán y su tripulación, podía verlos en mi mente surcando mares a mediodía, al capitán sujetando el timón y cantando una canción mientras unos marineros limpian la cubierta y otros arrían velas. 

Es magia...

Debo reconocer que casi me emociono al hablar de esto, es una sensación dificil de describir con palabras. Me alegra tener un lugar donde poder hablar sobre ello y expresarme tanto como he querido. 


🤩Me encanta🤩

Llegado a este punto seguro que tenéis muchas ganas de conocer al capitán. Siento decir que hoy no voy a presentarlo, pero tengo algo mejor: os voy a ofrecer una improvisación. Voy a crear un personaje aquí y ahora, y es mi regalo para vosotros. Un pedacito de mí.
Y recordad que esto solo es el principio, vendrán mejores textos y mejores personajes, pero de momento esta soy yo, sin filtros, improvisando. Espero que lo disfrutéis tanto como yo. Gracias por quedaros hasta el final, feliz fin de semana 💜💙💚💛





Trinidad



Es una mujer de 73 años. Tiene el pelo blanco con un corte a lo garçon, una nariz pequeña y ojos color miel. 
Siempre sonríe enseñando sus dientes perfectos, toda su vida ha tenido una buena salud dental. Le gusta llevar los labios pintados independientemente de lo que vaya a hacer, aunque varía el color del maquillaje según la actividad que realice. Siempre lleva unos pendientes de perlas que le regaló su madre cuando le dijo que iba a casarse. 
Es muy activa para su edad, le gusta ir al monte, hacer yoga, ir a bailar con sus amigas los viernes y pasar tiempo cuidando de su jardín y su huerta. Trinidad disfruta mucho de la vida y siempre lo dice, porque sabe que motivos para llorar hay de sobra... pero de reír también, y es nuestra misión buscarlos. Los malos vienen por sí solos. 
No es muy buena cocinera pero le encantan las frutas y se sabe cien recetas de postres con frutas, pasteles, mermeladas y un montón de combinaciones de frutas para ensaladas. Disfruta mucho preparando recetas y llevándoselas a sus familiares, amigos y vecinos.
Es muy desordenada, siempre pierde todo, sobre todo las llaves. No le gusta ocuparse de la limpieza pero un par de veces por semana se dice: "Bueno, alguien tiene que hacerlo".
Vive sola. Tiene dos hijos, un chico y una chica. El chico se fue a trabajar a Japón y solo se ven en navidades, y la chica es profesora, se casó y tiene una hija que aún es muy pequeña. 
Trinidad nunca trabajó, siempre se ocupó de la casa, de su marido y de sus hijos y fue muy feliz haciéndolo. Su marido la adoraba, decía que tenía una personalidad con encanto y unos ojos que sonreían aún más que sus labios. Él murió dos años atrás después de una larga lucha contra el cancer, pero murió tranquilo, en su casa de la mano de Trinidad. Trinidad besa la foto de su boda cada noche al acostarse y le cuenta cómo le ha ido el día, pero no es a él a quien echa de menos.
La madre de Trinidad fue una mujer severa pero cariñosa, era la típica señora de pueblo que siempre reñía a todos los niños pero a la vez les seguía con bocadillos para merendar. Se preocupaba por todo el mundo menos por ella misma. 
Cuando Trinidad tenía 53 años recibió una llamada del hospital, su madre había sufrido una caída en su casa estando sola y fue atendida por sus vecinos, quienes llamaron a la ambulancia tras oír sus gritos, se había roto la cadera. Trinidad se sintió culpable por no estar con ella en aquel momento y tras la operación la trasladaron a su casa, donde Trinidad se ocupó de ella durante 10 años. Una mañana no se despertó, y Trinidad siempre lamenta no haber podido despedirse de ella. Tras un periodo de depresión se dijo a sí misma que su madre no le había educado para pasarse el día llorando en la cama. En ese momento decidió que quería morir con recuerdos de haber vivido. Esa es su filosofía de vida desde entonces.